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Síntesis del Vl Informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO 6)

¿Qué le está sucediendo a nuestro medio ambiente y cómo hemos respondido?
Factores del cambio ambiental, megatendencias y problemas de gobernanza.
Desde hace muchos decenios se ha reconocido que las dinámicas o tendencias de las poblaciones humanas (en particular la presión demográfica) y el desarrollo económico son los principales impulsores del cambio ambiental (bien establecido). Más recientemente, la rápida urbanización y la aceleración de la innovación tecnológica han pasado a ser influencias adicionales. A nivel mundial existen grandes disparidades en las modalidades de consumo y producción que se esconden tras esos factores.
Esos factores, además, están estrechamente interrelacionados, son complejos y se reparten por todo el mundo, aunque de forma desigual. Constituyen megatendencias, que se desarrollan a una rapidez tal que hace que las respuestas de las estructuras de gobernanza establecidas en todos los niveles –urbano y rural, local, nacional, regional, mundial y supranacional– no hayan bastado hasta ahora para mantener el ritmo.
En 2018 la población mundial es de unos 7.500 millones de personas, y según la media de las proyecciones realizadas, en el año 2050 será de casi 10.000 millones de personas y de casi 11.000 millones en 2100 (cifras de las Naciones Unidas). Debido a la mayor esperanza de vida y la menor la mortalidad infantil y de otro tipo las tasas de crecimiento demográfico seguirán siendo positivas en todas las regiones, salvo en Europa y en algunas partes de Asia. El acceso desigual a la educación y la falta de empoderamiento de las mujeres, así como su falta de acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, contribuyen a las altas tasas de natalidad. Si no se producen cambios en las modalidades de producción y consumo, el crecimiento demográfico seguirá aumentando la presión sobre el medio ambiente.
A nivel mundial, la urbanización se está expandiendo a un ritmo sin precedentes y las ciudades se han convertido en los principales motores del desarrollo económico en todo el mundo. Cada vez más personas, especialmente en las economías emergentes y en desarrollo, viven en ciudades y pueblos, y se prevé que para 2050 el porcentaje de población urbana mundial habrá aumentado al 66 %. Aproximadamente el 90 % del crecimiento urbano ocurrirá en África y Asia. África es la región de urbanización más rápida, y también la región en la que se prevé que se produzca el mayor crecimiento demográfico. Aproximadamente el 30 % de los residentes de las zonas urbanas de todo el mundo no tienen acceso a servicios básicos ni a protección social, y las mujeres pobres que viven en barrios urbanos de ingresos bajos son especialmente vulnerables en esos ámbitos.
Casi todas las ciudades costeras de todos los tamaños y los pequeños Estados insulares en desarrollo son cada vez más vulnerables al aumento del nivel del mar, las inundaciones y las mareas de tormenta causadas por el cambio climático y por fenómenos meteorológicos extremos. En general, las ciudades de los países en desarrollo que se urbanizan con mayor rapidez son las que se encuentran en una situación más vulnerable. En cambio, la urbanización sostenible puede ser una oportunidad para aumentar el bienestar de los ciudadanos y al mismo tiempo reducir su impacto ambiental. La mejora de la gobernanza, de la infraestructura y de los servicios, así como la planificación sostenible del uso de la tierra y las oportunidades tecnológicas, pueden facilitar estilos de vida urbanos de bajo impacto. Las inversiones en las zonas rurales pueden reducir las presiones que obligan a las personas a emigrar.
El desarrollo económico ha sacado a miles de millones de personas de la pobreza y ha mejorado el acceso a la salud y la educación en la mayoría de las regiones del mundo. No obstante, el modelo económico “crecer primero y limpiar después”, utilizado en algunas regiones, no ha tenido en cuenta el cambio climático, la contaminación ni la degradación de los sistemas naturales. Además, ese enfoque ha contribuido a aumentar la desigualdad tanto dentro de los países como entre ellos y, a la larga, resultará más costoso. No será capaz de mantener de forma sostenible, en 2050, a 10.000 millones de personas sanas, satisfechas y productivas a no ser que se produzcan cambios profundos y urgentes en las modalidades de consumo y producción.
Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible es preciso desvincular la degradación ambiental y el uso de los recursos del crecimiento económico y las modalidades de producción y consumo conexas. En algunos países ya puede observarse una desvinculación parcial entre las presiones ambientales y el crecimiento económico respecto de algunas repercusiones y recursos. Para lograr una mayor desvinculación es preciso ampliar las prácticas sostenibles actuales y emprender más transiciones fundamentales hacia nuevas formas de producción, consumo y eliminación de bienes y materiales en todos los ámbitos de la sociedad. Es probable que esas transiciones sean más eficaces si además están sustentadas por metas a largo plazo, amplias y de base científica que proporcionen los fundamentos objetivos necesarios para orientar la dirección y las acciones futuras.
Desde los años noventa se ha producido un aumento sin precedentes de la innovación tecnológica, tanto a nivel mundial como históricamente, lo que ha traído consigo innumerables beneficios para la vida de las personas, pero también ha tenido algunas consecuencias negativas. Algunas innovaciones tecnológicas y sociales pueden reducir las presiones ambientales relacionadas con el consumo y la producción no sostenibles. Mejorar el acceso a tecnologías ambientales existentes que se adapten a las circunstancias de cada país podría ayudar a los países a alcanzar los objetivos ambientales con mayor rapidez. Aplicar criterios de precaución con arreglo a los acuerdos internacionales (cuando proceda) respecto de innovaciones tecnológicas podría reducir las consecuencias negativas no deseadas para la salud humana y de los ecosistemas.
Los países que dan prioridad a prácticas que reducen la huella de carbono y hacen un uso eficiente de los recursos pueden lograr una ventaja competitiva en la economía mundial. A menudo se pueden poner en práctica políticas ambientales bien diseñadas y, al mismo tiempo, tecnologías y productos adecuados con un costo muy bajo para el crecimiento y la competitividad, o incluso sin costo alguno, lo que puede aumentar la capacidad de los países para desarrollar y divulgar tecnologías innovadoras. Ello puede ser positivo para el empleo y el desarrollo, y puede reducir al mismo tiempo las emisiones de gases de efecto invernadero y, en última instancia, puede facilitar el desarrollo sostenible.
El cambio climático es una cuestión prioritaria que afecta tanto a los sistemas humanos (incluida la salud humana) como a los sistemas naturales (el aire, la diversidad biológica, el agua dulce, los océanos y la tierra) y que altera las complejas interacciones entre esos sistemas. Las emisiones de gases de efecto invernadero, históricas y actuales, han sometido al mundo a un prolongado período de cambio climático, que está dando como resultado el calentamiento a nivel mundial del aire y el océano; el aumento del nivel del mar; el derretimiento de los glaciares, el permafrost y el hielo marino del Ártico; cambios en los ciclos del carbono, los ciclos biogeoquímicos y los ciclos mundiales del agua; crisis de seguridad alimentaria; escasez de agua dulce; y fenómenos meteorológicos cada vez más extremos y frecuentes.
Además, las mayores concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono causan la acidificación de los océanos y afectan a la composición, la estructura y la funcionalidad de los ecosistemas. Se está acabando el tiempo para prevenir los efectos irreversibles y peligrosos del cambio climático. A menos que se reduzcan radicalmente las emisiones de gases de efecto invernadero, el mundo está en vías de superar el umbral de temperatura establecido en el Acuerdo de París en virtud de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Ello hace que el cambio climático tenga repercusiones ambientales, sociales, de salud y económicas de alcance mundial, y que aumente determinados riesgos para toda la sociedad.
(Continuará.)

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