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Caleidoscopio

De nueva cuenta estoy con ustedes mis queridos lectores, una semana más, hoy les compartiré un tema por demás escabroso, sobre los sentimientos en las relaciones humanas. Como son la avaricia y la codicia, en algunas personas…
“No hay nadie peor que el avaro consigo mismo, y ese es el justo pago de su maldad.”
Eclesiástico Capitulo 14.
“Esto es la avaricia, una inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones”. Y la codicia es “El afán desmedido de riquezas, sin necesidad atesorarlas.
La Real Academia Española define la avaricia en pocas palabras, pero de mucho peso, como un “Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”.
El Diccionario Cuyás, un poco más conciso, lo define como “un apego desordenado a las riquezas “. De las varias palabras griegas para la avaricia, dos son especialmente reveladores. Muy común es, “Lapleonexia”, se deriva, según Ceslas Spicq (tomo III, p.117), de “pleon” (“más”) y el verbo “ejw” (“tener”). Por eso Louw y Nida, en su léxico griego, lo definen como “un fuerte deseo de adquirir más y más posesiones materiales, o de poseer más cosas que las que otros tienen…” (Louw-Nida I:291-2).
“La avaricia” Es el deseo insaciable y enfermizo; cuánto más posee, más desea. Otro término para la avaricia es “filarguros”, que significa “amor al dinero”; podríamos decir que son “Dinerófilos”, “Enamorados esquizofrénicos de la fortuna” (Lc 16:14; 1Tm 6:10; 2Tm 3:2). Esta dinerofilia, según 1Tm 6:10, es “la raíz de toda clase de maldad “.

Ha veces se atraviesa una delgada línea entre lo que significa para un ser humano “cubrir sus necesidades” para obtener con voraz apetito lo que no se necesita solo por el mismo hecho o deseo desleal de “tener cada día más a cualquier costo”. Surge la codicia por el dinero cuando el avariento o codicioso movido por sus impulsos psicóticos (la codicia es una enfermedad psicosomática) con intenciones enfermizas, y no para cubrir correctamente sus necesidades físicas, pasan por encima de todo aquél que se le pone enfrente, sean los hijos, una hermana, un amigo íntimo, un padre o una madre. Muchos quieren dinero para ganar prestigio social, fama, altas posiciones o simplemente para llenar la “necesidad” de tener y acumular por “cualquier cosa que les depare en el futuro” y el lema de estos es algo así como éste… “si puedo obtenerlo, lo obtengo, y si no puedo obtenerlo, de cualquier manera, sin importar cual fuese, lo tengo que obtener”. No existe codicia ni avaricia cuando se consigue dinero con el único propósito de cubrir nuestras necesidades físicas más básicas, como un techo digno, alimento, vestido, locomoción, educación. Por lo que es urgentemente necesario revelar hasta dónde termina la necesidad y dónde es que comienza la codicia.
La avaricia es una pasión malsana por el dinero y por las cosas materiales. La persona avara consagra toda su vida al dinero y deposita toda su fe y esperanza en la riqueza. A menudo la avaricia termina distanciándolo de su familia, del prójimo y de Dios mismo.
Nunca un avaricioso podrá dormir en paz, ni en esta vida ni en la otra, si es que la hay y su descendencia hasta la cuarta generación recibirá la paga de una maldición que les perseguirá y acosará sin tregua ni descanso. Para un codicioso la avaricia es el final de todos los valores en la vida, el dinero es su dios. La búsqueda y la acumulación de objetos, terrenos, casas, el robo, asalto o la estafa mediante intimidación, violencia o sin ella, los engaños o la manipulación de los que están en autoridad sobre los más débiles.
El avaro puede tener muchas propiedades, pero así mismo puede traer rodando sin techo a su misma sangre, aun pudiendo darles techo, cobijo y cariño, ya que amor no tiene para dar…
Pues tiene el alma insensible y presa dentro de su negro corazón. Él es todo codicia y es incapaz de comprender a las personas a las que expulsa de su corazón. Pues el avaricioso enclaustra a Dios y por eso es un nómada en la sociedad, carente de amor a veces hasta de sus hijos y nietos, incluso del total de su familia. Son insensibles, viven con miedo que sus más allegados los despojen de sus banales riquezas. Siempre anhelando lo imposible, inútilmente, porque no conocea Dios.

Acompaño su lectura de un par de poemas de mi propia autoría. Disfrútenlos.
Dos poemas, misma idea, mismo concepto escrito de diferentes formas.

“El ladrón”

Ladrón, entraste a mi morada…
Para robar mi corazón.
Lo enamoraste…
Y llenaste de mil alegrías.
¡De ternura y pasión!

Extasiada con tu amor…
Tus caricias, tu tiempo,
me embelesaron,
elevándome al azul nirvana,
que se tornó color de rosa.

Un enorme arco iris fue el camino…
Por donde me llevaste de la mano.
Y yo me sentí dichosa.

En tus visitas…

Moramos días y noches de incontables desvelos.
Susurrándome al oído dulces frases
Que encantaron mi ser colmado de soledad, sin recelo.

Tú, has robado mis desiertos sueños…
Los has cambiado por felicidad.
¡No te vayas, no te alejes!
Que es tormento tu ausencia,
¡Hoy eres mi dueño!

Róbame completamente el alma.
Toma este corazón, cofre de mi tesoro…
Mi vida, ¡la comparto contigo a partir de hoy!…
Me has devuelto la calma.

¡Pero vuelve tus pasos!
¡Ven, abrázame! Entibia mis sabanas…
Volvamos al tálamo…
Y quédate para siempre.

“Peregrino”

Entraste a mis dominios
Y osaste substraer mi ánimo.
Atándolo y atiborrando miles de regocijos…
Apego, ímpetu, sábanas de armiño

Alucinada con tu arrojo…
Tus lisonjas, lapsos de embriaguez,
glorificándote a la gloria azur,
que se revirtió tornasol sanguíneo.

Ingente arcoíris, luna celosa …
En la que me guiaste.
Y yo me sentí venturosa.

¡Peregrino ven, quédate!…
Anidemos, inconmensurables panes.
Farfullando apacibles promesas
Subyuga mi ser, con dulces afanes

¡Tú!
Has despojado mis desoladas quimeras…
Alterándola por suave quietud.
¡No te marches, no te apartes!
Es martirio tu abandono,
¡coexiste hoy vida mía, con mi alma sincera!

Despójame íntegramente el aliento.
Conquista mi denuedo, ¡arca de mil reservas!
Me has repuesto el sosiego.
¡Mi néctar lo vierto contigo cual aguaviento!…

¡Torna mis caminos, existe conmigo eternamente!
¡Constriñe mi cuerpo al tuyo! Tornemos a nuestro lecho
¡Gozosamente, Y quédate para siempre!

Nos vemos hasta la próxima edición…
Sonrían y sean felices.

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