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A PESAR DEL GASTO SOCIAL, CRECE LA POBREZA

  • El problema radica en la ineficacia gubernamental, en el manejo de programas desviados y minados por la corrupción que nos llevan a preguntarnos, ¿si no sería mejor eliminar toda la burocracia y repartir directamente a cada ciudadano este presupuesto verdaderamente gigantesco, y así posiblemente abatir la pobreza?

Ferdusi Bastar Mérito

El CONEVAL, Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social, acaba de emitir su Informe de Evaluación 2018, en el que se reconoce que a pesar del enorme gasto social que se realiza en el País, la pobreza no solo no disminuye, sino que por el contrario ha tenido un significativo crecimiento.
Señala el informe que en tanto que en 2010 teníamos 52 millones de pobres en México, para 2016 la cifra creció a 54 millones y a la fecha seguramente estos números han aumentado en forme relevante.
Lo anterior, a pesar de la abrumadora suma de programas de asistencia social, que según el propio informe del Coneval, de 2010 a 2017, registro un total, de 6,488 programas y acciones de desarrollo social en todo el País, de los cuales 149 eran federales, 2,528 estatales y 3,811 municipales.A PESAR DEL GASTO SOCIAL, CRECE LA POBREZA
El problema es que todos los niveles gubernamentales echan mano a estos programas asistenciales principalmente con fines electoreros y la mayor parte se va en burocracia, corrupción y peculado. Recordemos la estafa a través de las universidades para la supuesta realización de programas inexistentes o los miles de millones canalizados a Josefina Vázquez Mota, supuestamente para apoyos sociales, como compensación a su trabajo electorero para quitar votos a la oposición.
Según el Coneval el Gobierno federal gastó en 2017, 875 mil millones de pesos en programas de desarrollo social. Un 25 % más de los 700 mil millones que gastó en 2010. A lo anterior, habría que agregar el gasto realizado por las 32 entidades federativas y el erogado por los 2,500 municipios.
El gasto asistencial es verdaderamente descomunal y su ineficacia evidente ante los números duros de que la pobreza no solo no se abate, sino que dramáticamente crece y, lo peor, aumenta la inseguridad y los atentados a las vidas y los bienes de los ciudadanos. Y a mayor inseguridad, menor inversión, menos turismo, más desempleo y volvemos al círculo negativo.
Es innegable que tienen que haber acciones en pro de la justicia social. El problema radica en la ineficacia gubernamental, en el manejo de programas desviados y minados por la corrupción que nos llevan a preguntarnos, ¿si no sería mejor eliminar toda la burocracia y repartir directamente a cada ciudadano este presupuesto verdaderamente gigantesco, y así posiblemente abatir la pobreza?
En realidad, aún cuando nos situemos en la utopía de que haya eficacia y honradez en los manejos de estos programas, si verdaderamente queremos abatir y desaparecer la pobreza, estos proyectos deberán realizarse simultáneamente con verdaderas acciones para la productividad y la creación de empleos.

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